JAVIER PELÁEZ

Javier Peláez

Desde niño tomó clases de pintura, estudió arquitectura y dejó la carrera para seguir su vocación pictórica. Se dedicó a pintar “con mucha inocencia, con mucha hambre”. Estudió en el taller del pintor catalán Demetrio Llorden, discípulo de José Bardasano. Admite que la pintura se da después de muchas horas de trabajo. En su estudio, ubicado en una casona antigua, podemos seguir los rastros de sus temas, juguetes, zapatos, papeles reflejantes, entre el orden y las voces de una ópera moderna.


Nos hace ver la realidad a través de un espejo distorsionado, la multiplica en formas impredecibles, porque la vida no es lo que vemos ni lo que esperamos.

MIMESIS Y CONOCIMIENTO

- La pintura ha sido una manera de descubrir las cosas que me interesa conocer y poseer. Mi intención es retratar la realidad de la manera más literal posible, tratar de estudiarla hasta el más mínimo detalle. Sin embargo creo que siempre hubo elementos que podían detonar diferentes lecturas, no sólo me interesa el realismo, el retrato literal de las cosas, me interesa cierta narrativa.

LA DISTORSIÓN DE LA REALIDAD

- Siempre tuve intención, sobre todo en mis dibujos, por distorsionar o deformar las cosas y me he interesado en este estudio de la realidad. ¿Qué tan real es algo, qué tan determinado o tan indeterminado es en ocasiones? Entonces empecé a envolver objetos en un papel que es totalmente reflejante como si fuera un espejo y se distorsionaba la figura, se generaban geometrías y descomposiciones de colores y de formas. Empecé a estudiar el material, la idea del espejo y la idea de la distorsión a partir de los espejos, pero todo esto estructurado a partir de lo posible, de la realidad.

LA REALIDAD ES DISTINTA EN LA PINTURA

- El material y el pigmento, la materialidad de la pintura tiene ciertas cualidades y elementos que la hacen diferente de cualquier otro material y de cualquier fotografía. Tiene muchísimos ingredientes que ayudan a que las lecturas sean diversas. Siempre me ha interesado afirmar la propia pintura, lo que sucede en la superficie del lienzo porque uno termina pintando dos cosas: lo que está retratando y también pintas a la pintura misma. El reto es hacer que la pintura viva en la superficie, que esté pulsando hacia delante y hacia atrás, independientemente de lo que se esté retratando.

PINTAR FLORES ES UN ANATEMA

- Al trabajar con el espejo o con la idea de espejo y deformar cosas en este material reflejante, busco pretextos, objetos que me ayuden a hablar en términos de color, de construcción, de ciertas formas arbitrarias y encontré que las flores. Al principio fue jugando, probando como se reflejaban, cómo las observaba yo reflejadas. Estas flores están observadas indirectamente, a partir del reflejo que genera este material, en este espejo. Obviamente estaba hablando de la vanidad, de la belleza y sobre un sinnúmero de elementos que me parecían interesantes y de algunos me generaban cierta repulsión. Todo mundo tiene prejuicios, y a la mayoría de los pintores si les preguntas qué tema no pintarían te dirán: flores. Estratégicamente no es algo a lo que uno aspire hacer por los prejuicios que hay, por cómo han sido trabajadas en la historia del arte y por la enorme carga que tienen con uno mismo, y parte de esa carga tiene que ver con la belleza. La belleza es una palabra problemática hoy en día.

LA BELLEZA PERVERTIDA

- La belleza está pervertida en mis piezas. Ya no es la belleza literal que me interesaba estudiar al principio de mi carrera, ahora son las posibilidades de detonar cierta perversión con esa belleza, de llevarla a otro lugar y de enfrentarme yo mismo con los prejuicios de si algo es decorativo o si no es decorativo, si es bello o no es bello o si puede ser visto de otra manera, si puede ser resignificado. Me parece un reto increíble, a mí la pintura siempre me impone retos y creo que este es uno de los mayores.

EL MILENIO VISTO POR EL ARTE Y LA HISTORIA DEL ARTE

- De alguna manera es lo que le sucede actualmente a la propia pintura, creo que la pintura está en una época de crisis y parte de ese problema es que tenemos una memoria corta o estudiamos sólo la contemporaneidad. Me parece que como pintor uno debe asumirse como heredero de una tradición, uno es parte de un continuo histórico. Aquí cito el género del vanitas, y a Holbein con el cráneo anamórfico. Hay muchísimo de la historia de la pintura en mi trabajo, no me olvido de ella y no me importa citarla, creo que está ahí para citarla.

Vanitas

La belleza tiene una jerarquía simbólica dentro de la creación. Está en el universo pero es necesario recrearla para que exista, para que la apreciemos como arte. El vanitas en la pintura nos recuerda que la belleza y nosotros somos efímeros. Un cráneo simboliza esta condición pasajera y las flores representan a la belleza, que es tan frágil como la vida misma. Javier Peláez pinta flores marchitas que brotan de la boca de un cráneo, el contraste de sus colores con los del hueso y el fondo oscuro le da una dimensión más existencial al vanitas, nos expulsa del paraíso y nos envía a la realidad, al inevitable destino que todos tendremos, del que únicamente se libra el arte, porque trasciende, perdura.