ROCÍO CABALLERO

Rocío Caballero

Se niega a ser cuota en las exposiciones de pintura “femenina”, dice “yo no quiero entrar en esa categoría, yo no quiero que me clasifiquen”. Se emancipa con su pincelada y no aborda temas de género, pinta desde el lado humano. Egresada de la ENPEG La Esmeralda se decidió por la pintura figurativa cuando la mayoría pintaba abstracto. Hace que sus modelos posen con trajes formales y sentados en caballitos de madera o abrazando osos de juguete: visiones lúdicas de un mundo cruel.


Su obra analiza el juego del poder como una fábula moderna, Rocío Caballero está empecinada en contar historias que nos describan la cruel diversión de someter a los demás.

FUERA DEL ARQUETIPO

- Tengo ya casi 25 años pintando, empecé joven. Fue una elección, fue un modo de vida y en este momento no sé hacer otra cosa. Lo poquito que sabía hacer como mujer, esas labores típicas asignadas a nuestro género, no las sé hacer. Pintar sí es poco difícil por la señalización de que eres mujer. Siempre he estado muy en contra del juego de los géneros, a mí me gusta ver a todo el mundo y a todos los artistas como individuos y no señalar si esta pintura es de tal o cual. Mi apellido es un juego que me gusta mucho manejar, soy Caballero y pinto como caballero. Ahora no me molesta, durante muchos años, y sobre todo cuando empecé a pintar, sí era un estigma que me dijeran que tenía un trazo muy masculino, que no se veía que lo había hecho una mujer.

LECCIONES PARA DOMINAR AL MUNDO

- Me di cuenta de que no conocía este mundo de los yuppies. Me atraía la idea de que mis personajes están todo el tiempo soñando y jugando con ser malas personas, por qué no son buenas personas aunque están en actitudes muy infantiles. La justificación de estos personajes en mi pintura es que, en su concepción, ellos no están haciendo nada malo, ellos están en un divertimento constante, simplemente están jugando a costillas o expensas de los demás.

CÓDIGO DE OBEDIENCIA

- Imaginaba que estos personajes no podían ser cualquier persona, ellos tenían vocación para ser así. Entonces pensé que tendría que haber un gran libro, que llame el Código Gris, que contendría 50 lecciones visuales. Esta gran cofradía se reúne, ven el libro, lo van ojeando y dicen “a ver esta lección nos toca aprender, La Lección 3, La indolencia”. El primer capítulo del Código Gris habla de cómo debe ser la personalidad o las características de un duende gris. El perfil de los personajes es que siempre deben ser bellos. En este primer capítulo viene la templanza, la fortaleza, la paciencia, las lecciones que ellos tienen que aprender para poder volverse fríos, fríos con el mundo para dominarlo y someterlo. Son personajes insensibles, que no conocen la culpa, ni el dolor, sólo saben el juego del poder.

EL PODER USA MÁSCARA

- Ellos ya son yuppies, estos duendes grises, el anonimato que les da la máscara es una manera de adjetivizarlos, de acentuarles la personalidad. En la Lección 21, la de Diatriba de la Obediencia, el personaje con máscara de cerdo es el que tiene la espada del poder enfrente de ellos y los tiene dominados, humillados, sentados en el piso y ellos están con distintas máscaras. Es un ritual, una fiesta que continua en ese capítulo que habla de la obediencia ciega que tienes que aprender exactamente para someter a los demás. Aprender a humillar a partir del poder del fanatismo, a lo mejor, hasta por la religión.

EL PODER VISTO POR EL ARTE Y LA LECCIÓN 24

- Es la Lección 24, La Marcha de los indolentes. El cerdo que es el que lleva el poder y los va guiando, pero el poder le queda muy grande, muy pesado. Va rayando el piso con la espada porque no puede cargarla, la va arrastrando y es el que lleva la batuta de todos ellos. Luego puse al que va cargando la justicia y tiene máscara de pato. Después viene el Gran Rey Rata que se está robando las ilusiones de todos a los que someten, porque ellos son unos malhechores. Las estrellas que pinto en mis cuadros son ilusiones, promesas o sueños. El que va brincando tiene la cara de zorro, es el más astuto de todos ellos, él lleva el poder de la religión. Por último aparece el burro, siempre habrá uno dentro de todas estas jerarquías. En el Código Gris de los yuppies siempre habrá un burro que va cargando los zapatos. De alguna manera quería representar lo que será el destino de los niños en el futuro.

LECCIÓN 24: La marcha de los indolentes

Los personajes de Rocío Caballero desfilan como ratones que siguen al flautista en una fábula moderna. Con una pincelada fuerte, decidida y descriptiva, Caballero pinta a las debilidades humanas de los que son dueños del dinero y el poder, dueños del mundo. El zorro, el pato, el burro, el cerdo, con máscaras son más reales que con su verdadero rostro. Estos personajes son astutos, ladrones, hipócritas en un mundo en el que la simulación es una forma de ser y convivir, de lograr los objetivos evadiendo a la ética, los escrúpulos y la compasión. La pintura los describe como una historia intemporal, podremos pensar que así es hoy, y tenemos la seguridad que así serán mañana, porque el poder nunca se arrepiente de sus abusos.