LUCÍA MAYA

Lucía Maya

Viajera incansable, se va por el mundo buscando escenarios que coincidan con lo que ella inventa e imagina en su pintura. Vive en Guadalajara, Jalisco, y experimenta con técnicas digitales sin abandonar a la pintura y el dibujo. Trabaja en silencio y nunca ha pintado sus sueños, sus imágenes son diurnas y de su interior. Atribuye su intensa actividad a que no tiene un esposo que la distraiga y le quite el tiempo.


Su casa-estudio tiene la misma ambientación que sus pinturas, da la impresión que nos sumergimos en uno de sus cuadros y que, involuntariamente, somos parte de su invención.

La naturaleza imita al arte, Oscar Wilde
- Sí fue increíble porque los árboles Sangre de dragón (Dracaena cinnabari) los conocí hace como seis años, aproximadamente. Los había pintado hace mucho tiempo, antes de saber que existían, y desde entonces estaba con la obsesión de ir a verlos. No crees que realmente existan porque son tan maravillosos. Verlos en vivo fue una experiencia que realmente me tiene muy motivada para pintar el resto del año.

Naturales afinidades estéticas
- Existe la conexión psicológica en el alma colectiva de los artistas. Esos árboles, creo que son imágenes que compartimos sin darnos cuenta, porque nunca he estado en contacto con James Cameron, quien hizo la película Avatar, ni él ha visto mi trabajo tampoco. Pero sí es maravilloso descubrir que alguien más ha pensado lo mismo. He pintado los árboles volando, en movimiento, desarraigados, pero haberlos visto en la película fue maravilloso para mí, como si yo hubiera hecho esa parte de la película.

Los árboles como lenguaje
- Llegué a la parte de los árboles cuando murió un amigo mío, en la Ciudad de México, y le hice una exposición homenaje que se llamó Mártires del paraíso, en el Museo del Chopo. Eran solamente árboles, quería hablar del dolor que sintió él, de su muerte sin usar su figura, sin usar la figura masculina; entonces, utilicé los árboles y fue la primera vez que los pinté. Desde entonces seguí pintando árboles, me gustó mucho porque vi que podía hablar también del ser humano a través de los árboles. Por eso mis árboles no son realistas, no son fotográficos, son árboles que tienen mucho sentimiento, que tienen características humanas. Hay árboles que aunque están abajo, en lo subterráneo, pertenecen más al inconsciente. ¿Qué sucede cuando un árbol está desarraigado? Que está volteado y están sus raíces expuestas. Entonces es toda esta parte psicológica, toda esta parte oscura del “yo interior” que a mí me gusta exponer.

Pintar desde la autobiografía
- Creo que nunca he sabido pintar hombres. Ciertamente tengo mucho qué decir sobre la mujer, porque todo mi trabajo es autobiográfico. Me he basado en trabajar con la mujer y no haciendo autorretratos, sino estos personajes inventados por mí, que son como los árboles, y que me dan mucho más libertad para trabajar porque no tengo que ver una fotografía y copiarla. Si acaso he trabajado una vez con fotografía y termina siendo otra cosa.

Pintar sin boceto
- Las ideas para el lienzo surgen de ahí, de esas raíces que están adentro, debajo de la tierra. Nunca planeo un cuadro y generalmente no hago bocetos. Si hago un boceto ya dejé a la Luna en el boceto. Entonces ya me da pereza hacer el cuadro. Abordo directamente al lienzo, a veces lo borro completamente y empiezo otro encima, a veces el cuadro está debajo de todos los cuadros.

El Milenio visto desde un árbol seco
- Es la misma evolución de esta parte de los árboles que empezó con el sacrificio de mi amigo. Me perturbó mucho el incendio que hubo el año pasado aquí en el bosque de La Primavera y que se perdieron muchos árboles y muchas cosas indicaban que se había hecho a propósito, lo cual me parece imperdonable. Estamos arruinando mucho de la naturaleza, no la vamos a arruinar toda porque ella siempre se recupera, nos arruinamos nosotros. De hecho, cuando hice la instalación Mártires del paraíso que hablaba del dolor por la muerte de Marco Antonio, la mayoría de la gente lo interpretaba como algo ecológico, como algo que estaba sucediendo con la naturaleza. En esta pintura el discurso sobre el árbol está más encaminado hacia esa parte. Creo que estamos lastimando y deteriorando a la naturaleza. En Jalisco han tirado muchísimos árboles, entonces ha cambiado el clima, se ha vuelto muy seco, hace muchísimo calor y eso no sucedía aquí. Tiraron los árboles sin compasión porque les estorbaban. No hay una conciencia ecológica.

El final (The end)

La tierra se une al cielo en un horizonte de luz que resplandece en una lejanía inalcanzable. En este paisaje de Lucía Maya vemos en el primer plano el tronco muerto de un árbol que ha sido sacrificado. El rojo intenso nos delata un incendio, esa criminal practica de quemar los bosques. La presencia de este árbol es la soledad del que sobrevive, el testimonio del héroe vencido. El rojo casi fosforescente vibra como un grito que nadie escucha en la inmensa desolación sin bosque, sin vida. Lucía Maya pinta sobre el tronco a un pequeño pájaro que le hace compañía a este árbol vencido, que le canta a su nido perdido, juntos sobreviven a la tragedia, juntos seguirán en su afán por darnos vida, aunque no merezcamos ese regalo divino.