RODRIGO CIFUENTES

Rodrigo Cifuentes

Se exilió en la ciudad de Querétaro huyendo del caos del DF. Nació en 1980 y quería ser arquitecto y su abuelo, como la esfinge, le vaticinó que sería pintor. Se reúne con un grupo de colegas, comparten secretos técnicos, experiencias y se critican para mejorar. Con aplomo, dice que pinta lo que quiere: “Tenemos la responsabilidad de ser lo que queremos. Si haces una comisión es porque aceptas, porque te interesa, ya no es necesario ese complacer a alguien más, ya es el capricho del pintor”.


Su estudio está rodeado por el silencio de Querétaro y ahí experimenta para alcanzar los avances técnicos del barroco. Cuando acierta los guarda en la memoria. Confiemos que un día los anote y los divulgue.

Autodidacta por convicción
- Egresé de la ENPEG La Esmeralda, digamos tempranamente. La tuve que abandonar porque no encontré la guía que yo necesitaba para la producción de mi obra. Yo sabía que quería pintar y sabía que quería hacer realismo y finalmente no pude encontrar esa guía en la institución. No había la enseñanza, no había un deseo por impartir técnicas tradicionales para producir obra plástica, que yo quería aprender porque creo que lo que va a perdurar es lo que está bien hecho. Tuve muchos maestros que desalentaban a los jóvenes para que dejaran de pintar. Había personas que hasta decían que les chocaba mancharse las manos. Desde entonces soy autodidacta. La educación artística está ahora, de verdad, en un decaimiento muy fuerte en México.

La prioridad es pintar
- Ahora quieren ser famosos y reconocidos de la nada, cuando tenemos que pensar solo en pintar. La fama llegará en algún momento y si no llega, pues ni modo, uno tiene que estar consciente de que a lo mejor no llega nunca ese momento. Los que abandonan el camino es porque nunca han estado seguros de ser artistas.

Un maestro del siglo XVII
- José de Ribera ha sido una de mis influencias más grandes. Siento esa identidad en las entrañas, siento que la obra de arte debe ser eso. Cuando uno siente esa identidad con otro artista es cuando uno empieza a imitarlo, a copiarlo, de cierta forma, para ir aprendiendo poco a poco e ir desarrollando uno su propio lenguaje. Siempre se van a ver las influencias de ciertos artistas, pero se tiene que ver ya la formación de una obra pictórica en cada pintor.

Provocar con el pasado
- Es importante rescatar a los tenebristas. Actualmente todo está demasiado comercializado y los artistas no se arriesgan a mostrar pintura no convencional, pintura un poco más agresiva con el espectador. Esa es una de mis mayores motivaciones: intentar provocar al espectador. En el siglo XVII se lograba eso y ahora pocas obras o pocas producciones plásticas provocan al espectador.

La seducción de lo mínimo
- El pequeño formato es un poco más íntimo. Está muy de moda hacer obra grande para que impacte, si no es grande no se vende, ¿no? Creo que el pequeño formato te invita a que te acerques un poco más a la obra, te invita a pensar por qué el pintor se concentra más en los pequeños detalles, cómo trabaja. En el formato pequeño tienes esa introspección de llegar y poderte encasillar en una partecita chiquita.

La belleza
- Belleza hay en todos lados, pero el pintor le da carácter estético a lo que él cree que es bello. Con una técnica bien resuelta se puede hacer bello lo que sea; por ejemplo, un niño muerto puede resultar muy bello, va a ser una imagen que va a repercutir en el espectador y que también lo va a poner a pensar. La técnica es la herramienta que tenemos nosotros los pintores y los artistas para lograr una conexión obra-espectador.

La obligación de ver y hacer
- El espectador se pone una barrera y no quiere saber nada de lo que está pasando en este momento en nuestra realidad. El arte sirve para denunciar, a mí me gusta denunciar las cosas que creo que merecen ser denunciadas y de las que necesitamos estar conscientes. Al ver niños muertos de hambre en África o un niño deforme decido hacer un cuadro respecto a eso.

El Milenio visto por el Tenebrismo del siglo XXI
- Lo que intenté hacer fue retrabajar y rescatar ciertas técnicas antiguas, ciertos conocimientos de la luz y de composición que ya no se tienen. Principalmente escogí la obra de Sileno Borracho (1626), de José de Ribera, porque quiero demostrar que se puede llegar a tener una imagen totalmente contemporánea con temas totalmente barrocos y de la mitología griega. Con el hecho de cambiarle la vestimenta al personaje y con cosas que para nosotros son cotidianas, como un vaso o una máscara, es una persona que vive en el 2013.

El agua para el molino, para el estomago el vino

El arte deja herencias que toman otras generaciones, y esto hace que la obra adquiera otras dimensiones. Inspirado en José de Ribera y su tenebrismo la pintura de Rodrigo Cifuentes hace de este bebedor un ser siniestro con máscara y corona de flores. Este esperpento que viene del pasado y se actualiza con la careta de plástico y el vestuario está pintado con un cuidado casi neurótico, con barnices impecables y una composición que logra que el brazo del personaje se prolongue fuera del lienzo. La técnicas pictórica de Cifuentes recupera la estética de José de Ribera estudiando el uso de las bases y las imprimaturas, el contraste de la luz unitaria y la oscuridad de las paredes da volumen corporal al personaje, cobrando el protagonismo de una aparición inesperada.