VÍCTOR RODRÍGUEZ

Víctor Rodríguez

Vive y trabaja en Brooklyn, Nueva York, y nació en la Ciudad de México, en 1970. De vocación voyeurista pinta mujeres que son un arquetipo que se convierte en un pretexto pictórico. Escucha audiolibros mientras pinta y afirma que así se está reeducando. Se sumergió en En busca del tiempo perdido, de Marcel Proust, y ahora escucha ensayo literario. Dice que busca crear un “lenguaje pictórico, universal, muy fácil de absorber y de entender”, que nunca se sintió cómodo haciendo cosas que requerían de una explicación sofisticada.


Colores eléctricos, grandes formatos para un ojo indiscreto que se asoma por una cerradura que guarda los secretos femeninos. Víctor Rodríguez nos habla de su obra rodeado de enormes mujeres.

Formación autodidacta
- Soy autodidacta. Las cosas que me gustaban, que veía en libros, lo que me fue influyendo, lo que me fue interesando, lo fui absorbiendo y lo fui desarrollando. Nadie me indicó qué camino seguir y eso me dio muchos problemas, me costó mucho trabajo en algunos sentidos, pero en otros me dejó desarrollar las cosas que a mí me gustaban y me acostumbré a solo darme gusto a mí. No trato de hacer cosas que a los demás les puede llegar a molestar. Nunca pensé dedicarme profesionalmente a la pintura de tiempo completo como una actividad de la que yo podría vivir, eso nunca me lo esperé.

Arte, técnica y tecnología
- La parte técnica no solamente es el cuadro, tengo una preparación previa: tomar las fotografías, posproduzco, uso herramientas como una computadora, photoshop. Uso todas esas imágenes como referencia para hacer la pintura. En cuestiones técnicas no tengo ningún misterio al respecto. He llegado a estas conclusiones como un sistema de ensayo y error. Lo único que busco es lo que me sirve para el efecto que quiero hacer. No todo tiene que ser con ciertas alquimias. Uso lo que sirva: la pintura en general es acrílica, porque yo trabajo rápido y la pintura se seca, uso pinceles, pistola de aire, cuchillo, crayolas, colores, el dedo... todo. Realmente hacer la pintura es la parte que más disfruto, nada más, ya tienes todo preparado y lo haces. Pintar es la parte final del proceso.

Realismo y artificio del color
- Creo que la intención es tratar de hacer un cuadro geométrico abstracto, pero utilizando el lenguaje de la foto-derivación, pero que se reconoce como algo que es real, y así fue como empecé a crear color, geometría y patrones, pero sin perder el contenido de la figura humana. El gran formato tiene dos razones, la primera es una cuestión técnica, necesito tener esa dimensión para poder hacer la cantidad de detalle que quiero. La segunda es que funciona como una pantalla de cine, entonces cuando estás viendo eso estás viendo una cosa que es artificial, es como una escena, te puedes meter adentro del personaje y de los cuadros. Los cuadros que son más geométricos si los ves muy de cerca los colores te envuelven y tienen otra lectura mientras le vas dando distancia.

Pintar lo que la memoria guarda
- Trato de que los cuadros no sean un testimonio autobiográfico, que no tengan nada qué ver y trato de separar mi vida personal de lo que se ve en los cuadros, pero a la distancia creo que no puede ser; entonces, siempre acabo viendo algo personal y autobiográfico en los cuadros, aunque no quiera. Estoy produciendo detalladamente momentos y escenas que pudieron haber sido reales o imaginarios o la combinación de los dos. Es la forma que mejor me parece, en donde yo tomo las mejores decisiones y donde yo soy el dueño completo de lo que está pasando.

Los dos lados de la frontera
- Me percibo como artista mexicano. México es un país de gran tradición de pintores y también es un país de color. Yo sí veo colores mexicanos y no lo puedo evitar, porque yo soy mexicano. Creo que mi generación, y los que le siguen, ya no tenemos demasiados límites, tenemos una influencia global, la cuestión de la mexicanidad se redefinió o se enriqueció aglomerando muchas más influencias.

La intimidad femenina en El Milenio visto por el Arte
- Es como un ojo invisible, estás viendo la intimidad de las mujeres en ese momento, creen que están solas. El misterio femenino, íntimo, es algo que siempre me gustó. Pintar la intimidad femenina no es nada que me cueste trabajo hacer, no es nada que haga yo a propósito, es algo que siempre me ha interesado y es una cosa que simplemente se me ha ido dando, como un motivo que se me repite, es algo como natural. A veces, representar una escena o un evento escenificado que se vea falso, para mí es una forma como de aprender, no solo es la belleza de la modelo o del momento.

Giant Whithe 10 Stripes

La figura humana es un pretexto para la creación. Al reproducirla esta rebaza su propio origen, su estado inicial y se convierte en otra cosa, en otra idea, es un estado distinto. Las mujeres que Víctor Rodríguez pinta dejan su condición humana, son un vehículo para analizar el color y la forma, para desprender del hiperrealismo a la interpretación y la alteración. Una trayectoria en el gran formato, en el que la pincelada limpia y precisa, con colores violentos y deslumbrantes hace de la realidad una ficción delirante. Fragmenta el color de la imagen, lo aísla, creando dos pinturas dentro de una sola. La presencia femenina es una dualidad que manifiesta la lejanía de la pintura y el realismo fotográfico.