GUSTAVO MONROY

Gustavo Monroy

Gustavo Monroy nació en 1959 y recuerda con nostalgia su infancia feliz en la colonia Condesa de la Ciudad de México, y en la frontera Norte del país. Hoy se enfrenta con su pintura al desmoronamiento de este mundo. Estudió la técnica para pintar íconos bizantinos en Europa del Este antes de la destrucción del muro de Berlín. Se toma un café express en uno de los muchos lugares de la colonia antes de ponerse a trabajar. Aprendió a meditar en el ashram de Gurumayi buscando hacer de su mente un espejo de agua quieta.


Gustavo Monroy nace y muere en cada cuadro. En este sacrificio expía las culpas sociales que nos ahogan. Pinta exvotos de la tragedia, reinventa imágenes de santos en su estudio.

Vivir y pintar peligrosamente
- Desayunamos violencia, comemos violencia, cenamos violencia, respiramos violencia. Este país está sobrado de violencia. Sentí que podía hacer una crónica como testigo, como lector de periódicos, como habitante de este momento. Tengo un oficio y ese oficio me sirve para hablar de mi realidad. A mí como pintor me llega muy fuerte, me toca de una manera muy profunda la violencia, me desespera. Entonces ¿qué es lo que sé hacer? Sé pintar.

Inmolarse a través de la pintura
- Al hablar de mi estoy hablando del otro, de mi vecino, del decapitado, al que le mataron un hermano, de la madre a la que le mataron un hijo. Si pusiera todas esas cabezas, tal como son, estaría inserto en otra tradición más amarillista, más de portada de periódico, más escandalosa. Hablo de los otros como en una obra de teatro en donde estoy jugando el papel de un personaje que no soy yo. Presto mi cuerpo para hablar de esos decapitados, de esas mujeres violentadas, de esos hijos asesinados. Estoy prestando mi cuerpo, mi cabeza como si estuviera prestándome a ese personaje. ¿Por qué? Porque me duelen esos personajes.

El Guernica y la purificación en el lienzo
- Yo creo que lo que me salva es que exorcizo. Siento que si no pintara mi realidad me afectaría más. Cuando Picasso pintó el Guernica exorcizó todos los demonios de su tiempo, de algo muy doloroso en donde hubo muchos muertos, corrió mucha sangre. En el Guernica descansamos, tocamos tierra, en el Guernica nos reconocemos y tenemos un momento de paz porque alguien lo pintó, porque ahí alguien exorcizó los demonios de ese bombardeo, lo demonios de ese pueblo, los demonios de sus muertos.

El suicidio colectivo
- Al que le dicen que está enfermo y no toma los medicamentos se está suicidando. Siento que como sociedad, nos estamos suicidando. Al suicidarme en el lienzo estoy diciendo: nos estamos suicidando porque no estamos haciendo nada. En la lucha contra el narcotráfico hay más demagogia que soluciones.

Pintar en silencio, estar con el lienzo
- El hecho de estar pintando es una forma de meditar, porque la pintura es un ejercicio puramente solitario, no hay nadie más que tú, la pintura y el silencio. La pintura se convierte en un estado de meditación. Mientras pintas estás pensando, estás contigo. La pintura es hacia dentro, es un viaje al interior.

Pintar un buen cuadro
- Lo que estoy intentando hacer es pintar un buen cuadro antes que nada. Hay una primicia que es: da solución a un buen cuadro, ejerce tu oficio lo mejor que puedas porque que si no se convierte en una cuestión panfletaria. Hay un oficio, hay colores, hay elementos químicos, hay composición, hay un reto a solucionar.

La verdad y el oficio de pintar
- En la pintura no puedes mentir. Tú puedes mentir afuera como persona a los que conoces, pero cuando pintas te enfrentas a lo que tú eres y a la esencia de ti mismo, a lo que vas a decir. Estamos en un momento en el que el arte se está mintiendo muchísimo a sí mismo y ante esa gran corriente de mentiras, lo menos que podemos hacer, es no mentir cuando pintamos. Yo creo que una feria de arte, en estos momentos, es una feria de mentiras.

El Milenio visto por el arte y una pareja asesinad
- Es lo que somos actualmente. No lo estamos evitando porque no nos estamos agarrando de algo que nos salve, ¿qué nos puede salvar? La cultura y no estamos aferrados a la cultura. Hay una cultura de la barbarie y de la violencia a la que si estamos aferrados. Si viajáramos al norte de la República y estuviéramos ahí un par de días, un par de horas, nos daríamos cuenta claramente lo poco que nos queda de este país. Es una advertencia de por dónde nos podemos salvar: el arte alimenta al espíritu y este es un momento, una época, en donde hace falta alimentar al espíritu.

Tiro de gracia

La pintura de Gustavo Monroy estalla como un balazo en la sien. Describe el callejón sin salida en el que está inmersa nuestra sociedad, nuestro momento histórico. Se inmola a sí mismo, describe las tragedias colectivas que, de tan constantes, se han vuelto una historia cotidiana. Su pintura reflexiva, influenciada por la pintura religiosa mexicana y los iconos góticos de Europa del Este, rescata el relicario, el milagro que nos purifique de esta barbarie. Una pareja es asesinada con la misma arma, un paisaje desolado en donde no existe la paz, Monroy nos advierte, tenemos oportunidad en el arte, en la creación que libera de la violencia.