LILIANA MERCENARIO POMEROY

Liliana Mercenario Pomeroy

Nació en la Ciudad de México y se refugia en Cuernavaca desde hace 25 años. Su formación es como muralista y más tarde se decantó por el pequeño formato, especializada en óleo, dibujo y grabado. No intenta disimular su amor por la vida animal a los que llama “mis hermanos”. Su entorno es luminoso y subterráneo, reúne la dualidad del Shakespeare de Sueño de una Noche de verano y Macbeth con las contradicciones de Robert Louis Stevenson y Bram Stoker. Crea objetos que acompañan a sus pinturas en el escenario barroco de su vida.


Entre plantas que crecen libremente y una manada de perros y gatos, compañeros y testigos de su trabajo, Liliana Mercenario Pomeroy habla de su compromiso espiritual con el arte y el Universo.

Luz y penumbra
- Pareciera que hay dos versiones, una luminosa y otra oscura, un Doctor Jekyll y Mr. Hyde, eso siempre me ha acompañado. En diferentes etapas de mi vida ha predominado una u otra. He alcanzado a mantener un equilibrio entre una y otra expresión. Mi mundo floreció cuando me mudé aquí a Cuernavaca, porque tuve contacto con la vida de este planeta. Lo anhelaba, eso ha ayudado a que pueda poblar mi mundo con toda la belleza de los animales y del planeta.

El daño al planeta, los animales, la naturaleza
- No puedo dar la espalda a denunciar esta desconexión con la vida de este planeta. Ofrendo un camino y el otro. Pretendo ilustrar dónde está el abuso y la explotación hacia la naturaleza pero más a los animales.

Los siete pecados capitales actuales en el Milenio visto por el arte
- Son los siete pecados capitales y aporto uno más, el que se gana nuestro milenio. La inquietud es actualizar y hacer contemporáneo los pecados a partir de la tabla pintada por el Bosco. Si revisamos los pecados del Bosco son un chiste al lado de los pecados sociales que hoy tenemos.

El pecado de la envidia
- Las mujeres con abrigos ensangrentados son el pecado de la envidia que hoy tiene vanidad y egolatría. Envidia a la belleza del animal. Hay sutileza en lo que expreso, es más por “ah, ella tiene el abrigo de leopardo, no importa que esté en extinción, yo lo quiero y siento envidia porque sólo alcancé a comprar de conejo”.

La crueldad
- Es la total inconsciencia del medio en que viven estos animales y para un capricho que no es necesario, son abrigos de sangre con implicación. Igual con el medio ambiente. Un psicólogo norteamericano dice que cada animal que se extingue es desaparecerlo del universo y eso es verdaderamente devastador.

El pecado de la gula
- Las corporaciones crearon la gula. En la historia de la humanidad el animal es el alimento. Pero con la industrialización apoyada por los gobiernos, inventaron que por la salud lo mejor era consumir a los animales y sus productos hasta llegar a hoy en que los animales viven un holocausto. Llegué a la conclusión de que nunca jamás volveré a probar algo que tenga que ver con los animales porque son mis hermanos. Las corporaciones han inventado esta industria del consumismo, entonces la gente siente que no come, si no traga carne, perdón por la palabra, pero son montañas, es una masacre, un capricho.

El pecado de la inconsciencia
- Son los que se suben a ese tren porque los celulares, Ipod, Wii, es la pereza que se traduce como una apatía e indiferencia total. “No me importa lo que esté pasando, estoy muy a gusto en mi rollo”. Y estamos desintegrados. La persona dice “no puedo hacer nada” pues sí, entonces no seas cómplice de esto. Y eso implica desde qué vas o no a comprar.

El pecado de la ira vengadora que corta la cabeza de un cazador de focas
- Es mi propio pecado. Y esta ira no es la ira sola, es una ira santa como la santa cólera por injusticia. En la pintura puedo tener mi espada. Mi compromiso no es solo crear belleza sino crear consciencia.

El arte no evade, confronta
- Es mi necesidad mostrar un camino en el que estemos integrados en un amor, armonía con los seres vivos que nos rodean. Una parte de mí se fue a la profundidad porque necesita salir. Algunos quizás se identifican con estos seres mágicos. Es como el mundo de los sueños, cuando te vas a dormir, es una luz oscura, con misterio, por eso no quisiera nunca encasillarme. Siento que los artistas somos servidores de nuestro espíritu y alma.

El ojo divino
- El centro del cuadro va a dar cabida a muchísimas lecturas. Partí del Illuminati pero creo que no se queda ahí, las pocas las personas que han visto el cuadro coincidieron. A pesar de ver que van al infierno, porque el centro es un infierno, la lectura de ello fue que hay esperanza al estar separados del triángulo, el ojo de Dios y el Universo que es el absoluto sin etiqueta. La belleza del arte no está sujeta a una sola lectura.

Los ocho pecados capitales de nuestro Milenio

Estamos viviendo la época del relativismo. Olvidamos rápidamente las grandes catástrofes, esperando otra más trágica en una sed morbosa por el espectáculo del desastre. En nombre del progreso todo es válido. Este progreso nos está costando nuestra autodestrucción. Liliana Mercenario Pomeroy con una obra trágica y bella, plantea en Los Ocho pecados capitales de nuestro milenio, la devastación con que castigamos a nuestro planeta. Los vicios modernos han evolucionado, son globales y nos están llevando a la barbarie. Su denuncia de estos nuevos pecados nos involucra a todos. ¿Quién se atreve a decir que es inocente después de ver esta pintura?