BENJAMÍN DOMÍNGUEZ

Benjamín Domínguez

Gran narrador de historias reales o ficticias, seduce con su conversación plagada de los misterios del desierto. Nació en Chihuahua en 1942 y llegó a la Ciudad de México para estudiar pintura en la antigua Academia de San Carlos. Rodeado de su colección de arte y antigüedades, recuerda con sentido de humor los años de estudio y hambre durmiendo en la calle o en el taller de pintura de la escuela. Experto en tatuajes japoneses y en técnicas pictóricas más antiguas.


Tapices barrocos, mujeres atadas con nudos inspirados en la obra de Araki son parte de la iconografía en la pintura de Benjamín Domínguez que habla de la relación entre el placer y el sacrificio.


Pasado y presente
- Me llama mucho la atención que los jóvenes sean los más interesados en regresar al pasado para inves­tigar a estos pintores cuyas obras perduran después de 500 años. Buscan la trascendencia por la técnica y su concepto. Los jóvenes están regresando a buscar, como yo regresé a Jan Van Eyck de 1434. Lo que encontré en él me permitió desarrollar esta serie de cuadros (El matrimonio Arnolfini) que ahora participan de un momento muy actual como es la crueldad, la violencia.

Violencia, naturaleza humana y sensualidad
- La violencia física está totalmente ligada al placer, no conocemos el límite, entonces la violencia del cuerpo y el placer total es lo que he querido manejar en mis pintu­ras. Podría decirse que me gusta acariciar el dolor.

Opulencia, dolor, nudos y atados
- Atar los cuerpos sale de la sensua­lidad y el placer más que de una tortura o violencia. Es una forma de decir que hombre y mujer al ser atados pueden sobrepasar su condición de personas y mostrar lo que tienen interiormente. El oro sirve para ocultar sentimientos igual que el atado, como dolor o placer a través de la imagen. Es demasiado fuerte, pero permite colgarte de otros lados, la mente se desvía, va más allá de todo lo que está pasando en el interior de los personajes. Es como el oro, siempre se usó para ocultar.

Somos despojos y vísceras
- La carne representa la negación del hombre, el hombre se vuelve carne y el buey es una forma de señalarnos, es una forma de vanidad, pero también es una forma de ver la denigración de la persona a través de la carne que anula. El color tiene muchos valores en la carne, te recuerda a nuestra propia carne, nuestro propio hombre. Estás cerca de los músculos, nervios, carne, sangre. Es parte de lo que sucede al hombre actualmente, hay mucha violencia, mucho crimen, mucho decapitado, en el fondo tiene que ver con pro­blemas sociales pero también con la fascinación de la sangre.

Salomé y Lucas Cranach en la primera plana
- Para mí, los cuadros más impac­tantes de la antigüedad son las decapitaciones. Esta fascinación por la muerte, por el crimen, para muchos criminales y asesinos es una obsesión cortar cabezas.

Espectador puritano
- Se asustan quizás por el mensaje que quiero dar o doy. Solo quiero pintar al personaje en una situa­ción especial y confrontarlo con su propia sangre.

La obra del Milenio visto por el arte: el sacrificio de un buey y el sacrificio masoquista
- Es como el símbolo del hombre mo­derno, la imagen como carne, como crimen, como dolor. Pero además el personaje está colocado en una posición de dolor, de sacrificio. Hay un cierto placer, una cierta fasci­nación por el dolor y sacrificio.

Escce Homo

El placer y la violencia comparten la transgresión los límites en la búsqueda del dolor. En la obra de Benjamín Domínguez el placer es la referencia a un cuerpo que hace de sus apetitos un estado de permanente vulnerabilidad. El buey desollado al lado de un hombre que experimenta la tortura, entre la penitencia y la voluptuosidad, la promiscuidad y el fanatismo, es la consagración de sacrificio que purifica. Domínguez aplica hoja de oro en brocados barrocos, explota la parafernalia sadomasoquista y crea atmósferas decadentes, sin tiempo, fetichistas, se hunde en las pasiones de la más oscura naturaleza humana. El buey es un despojo, el ser humano es un despojo después de saciar sus instintos.