PAULINA JAIMES

Paulina Jaimes

Nace en la ciudad de México en 1986. Pinta con una pista musical que oscila entre el sonido electrónico al retro total con Nina Simone, My favorite things de John Conltrane, o la potencia de Etta James. Vive y trabaja en un viejo edificio de la Ciudad de México rodeado de fábricas de ropa, tiendas de vestidos de novia y quince años, en la vena de la gran urbe. No se intimida con las manifestaciones sociales que obstruyen las calles, las obras de arte sin contenido ni los maestros impositivos.


Paulina Jaimes es una pintora joven, que experimenta con el contraste de la impetuosidad de la mancha, la precisión de la anatomía y el detalle. Comparte sus inquietudes, sus decepciones en su proceso de educación artística y su placer de pintar.

La educación artística como mutilación

- Estudié la Licenciatura en Artes plásticas en Escuela nacional de pintura, escultura y grabado “La Esmeralda” (EMPEG). Mi paso por esta escuela fue un proceso tortuoso. Uno de los episodios de mi vida más difíciles porque me enfrenté con profesores que me decían directamente que la pintura estaba muerta. ¿Cómo puedo considerar algo muerto si me hace sentir bien?

La imposición como educación

- Otros maestros me daban la materia con formas de hacer pintura contemporánea y me separé de mi búsqueda, que era honesta, buscando las necesidades de los profesores. Empiezas a hacer las cosas a la fuerza y la pintura se hace tortuosa porque no estás haciendo lo que te llama la atención. Me di cuenta de que no hay pintura contemporánea; porque también traen este rollo de lo contemporáneo ¿qué es lo contemporáneo ahí? El retrato desfragmentado

- He tenido una búsqueda a la desfragmentación. Aplico telas, látex, diurex y la mancha. Estos medios me están dando formas nuevas de pintar un rostro y enriquecen la obra porque cambian los colores, formas, y desestructuran los ojos, nariz, boca, hasta llegar al momento de suprimir la imagen.

El retrato no idealizado

- El interés que me mueve es la vulnerabilidad del ser humano y en esa parte del tema no caben las cosas bonitas. No puedo pintar otra cosa más que eso, me sale solito, ni lo pienso. Abordo directamente la imagen que me gusta, que me emociona y van saliendo cosas.

La imagen fotográfica como punto de partida y punto de fuga

- Parto de una sesión de fotos y a pesar de que me emociona mucho la imagen, la computadora a veces me da está necesidad de copiar, porque acercas la imagen y ves los detallitos. Entonces empieza esta discusión mía, muy personal, de “el color, la mancha”…y me voy más a la emoción que a la mímesis de la imagen.

La pincelada

- Germán Venegas en su taller me decía: “la pincelada es la esencia de una persona”. Es algo que tengo muy presente, porque en el temperamento de la mujer pesa esta cuestión de la suavidad. Por eso mis referencias son Freud y Bacon, ellos son mi balance. No puedo llegar a lo que es Bacon, mi rollo es más figurativo y me falta para alcanzar ese arrebato y dar esa intencionalidad. Me metí mucho en cómo no dar esa intención de suavidad y romper con las estructuras.

La pintura es impredecible

- Es que un cuadro por mucho que puedas definir cómo lo quieres, cambia todo el tiempo, las búsquedas cambian.

Vacío creativo y de educación

- Se ha perdido la observación, lo importante que era analizar y darte un tiempo de pensar. A mis alumnos les hablo de las vanguardias y la liberación, pero estos artistas tenían un ojo educado, sabían cómo interactuar con el lienzo, cómo lanzar la pintura, cómo iban a funcionar los colores y ahorita eso es lo que no tenemos. De repente creemos que hacer algo de la nada es arte, pero no hay nada porque tampoco nos están dando educación artística.

El Milenio visto por el Arte

- Es el interés de lo que fluye y lo que permanece. El discurso de lo que está encarnado, la gente tatuada y la fluidez de la mancha. Ya en el trabajo descubrí asociaciones con los cuadros que había realizado al cubrir al personaje. Trabajé más en destacar el blanco del fondo, el vacío, porque me abruma lo que está afuera, la luz, el contraste. Cuidé mucho la mirada, ahorita me hablas de una persona aterrorizada, pero me interesaba la cuestión de qué éstas esperando, no tanto con pavor, sino en alerta, por eso fui muy precisa con los ojos.

El drama de la sustancia

Un hombre mira horrorizado al porvenir, el futuro no alberga promesas, grita amenazas. La pintura de Paulina Jaimes es de ímpetu resuelto, de decisiones irreversibles. Nos transporta a un estado psicológico de voracidad emocional. El arrojo del color, la expresión del sujeto que habita el lienzo: no hay espacio para la serenidad. El azul que impregna la piel del hombre podría ser sangre, podría ser el bautismo de la realidad sobre la piel del que hasta ese instante ignoraba lo que le deparaba. Un baño iniciático de color que invade el realismo de Paulina Jaimes. La figura humana sobre un fondo neutro, sin escenario, nos avisa que el portento de vislumbrar el horizonte es un accidente del destino.